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Nunca la fui a ver. Me daba impresión ¿Qué iba a decirle? Que me secuestraron y que, sin ningún motivo en particular, en vez de ejecutarme, me mandaron en cana. Un motivo de mi insólita supervivencia podría haber sido la edad. Tenía 16 años cuando me llevaron. Hace unas horas estuvo de visita una amiga que fue alumna del Nacional Buenos Aires en aquella época. Algo que tenemos en común es haber sido amigos de Malena una muchacha que secuestraron y la hicieron desaparecer, la volaron en pedazos en un pozo, no sé, nunca quise saber si estaba viva, muerta o la habían dormido como usaban en los que tiraban desde los aviones al Río. No quiero dar el nombre completo porque los hermanos de la chica, de la pibita, no han llevado las cosas bien. No puedo decir que no los entiendo, no siempre el dolor te aporta lucidez. Me contaba esta amiga que la madre, no me pregunten el nombre, apenas si la conocí, imitaba la letra de su hija y les mandaba cartas a los abuelos, haciéndoles creer que estaba viva, bien, oculta en algún lado. Se supone que escribo y que tengo algo de imaginación, no puedo darme una idea del sufrimiento que implica lo que acabo de describir. Se supone que me dejaron vivir por la edad que tenía pero a Malena la liquidaron a los 15 años. Hace años me mandó mensaje un troll, creo que no se les llamaba así entonces, leyó que yo había estado secuestrado, preso, libertad vigilada y exilado y quería saber si había andado matando colimbas, milicos o vaya uno a saber quién. Ni ahí, ni cerca, me vino a buscar una task forcé de los milicos y yo no tenía ni un cuchillo filoso para defenderme. Fue un combate entre un ejército y un grupo de civiles desarmados, la definición de una masacre. Malena era una muchacha preciosa, adolescente, siempre recuerdo cuando nos llevó a ver a Charly y a Nito a una discoteca en Ramos Mejía. Ya escribí sobre eso. Hebe decía que le costaba cada vez más recordar la voz de sus hijos, reconozco que a mí no me pasa, la voz de Malena era grave y rasposa, ¡vamos! era Malena la del tango. Junto con ella secuestraron a otros 4 pibes, no sé si llegaban a los 18 años, los conocí, militábamos, algunos de ellos eran responsables, se les llamaba así, míos, recuerdo sus peinados, sus gestos, la forma en que hablaban. Cuando volví al país me reuní con familiares de ellos. De Malena, a esto también ya lo escribí, soy el último que sabe algo, fuera de sus verdugos, estuve en coordina, superintendencia de seguridad federal, departamento táctico o como hayan querido llamarle, en una celda microscópica a las que les llamaban tubos, yo que soy un enano no tenía espacio para estirarme, quedé medio traumado por la experiencia, si no son 30 pisos subo por escalera, incluso los departamentos chicuelos me dan impresión. En esa celda, cerca de la entrada habían dibujado un corazón, con el nombre de Malena y la fecha 10 de junio de 1976. Eso fue para enero de 1977. Ya figura en la propia presentación del blog, uno es una persona insignificante, sin embargo habiendo tenido el honor, bastante terrible, pero honor al fin, de haber sido secuestrado por los enemigos del pueblo, reclamo un ínfimo pedacito de Hebe. Una mirada, un guiño, un roce de su pañuelo. | |
cris
Con Cristina.
lunes, 21 de noviembre de 2022
Malena y la Sra. Hebe.
sábado, 9 de diciembre de 2017
Recuerdos de otra era presente: preso político de la dictadura. (1977)
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El otro día, en una reunión con amigos, me puse a enumerar los lugares de detención por los que pasé, a pesar de que me conocen desde hace años, la gente estaba sorprendida, no gratamente sorprendida. Estuve como prisionero-desaparecido en la ESMA, en Superintendencia, que en mi época se llamaba “coordina”, después me llevaron a Devoto donde me reconocieron, salí en el diario Clarín y todo. Es como que tengo un certificado, soy un subversivo con garantía de origen. No creo que haya pasado más de unos días, casi diría horas en Devoto, no estuve en los, terribles, “yompas” donde se amontonan los presos, estuve en unas celdas más chicas, aparentemente, para presos VIP. Recuerdo cuando nos llevaron, en primer lugar no sabíamos a donde nos llevaban, aunque siendo de día se podía esperar que no era para masacrarnos, no obstante lo cual, no hubiera sido la única vez, en que sacaron presos como si fuera un traslado, para liquidarlos. Lo peor fue que teníamos compañeros, buenos chicos realmente, del tipo de los que se saben todas, nos dijeron que nos pusiéramos toda la ropa que tuviéramos para amortiguar los golpes, cuando nos cagaran a trompadas. Nos subieron a un camioncito de esos con celdas individuales, me pregunto si los usan todavía, bueno, mi consejo es: no se pongan toda la ropa. Como de costumbre en BA todavía era verano, para empezar el tamaño minúsculo de la celda, la falta de ventanas y la ropa que llevaba encima me resultaron una experiencia, única, inenarrable, hasta el día de hoy tengo algo de claustrofobia. De cualquier manera en lo que más pensaba era en mi viejo, ahora que tengo la edad de él, no quiero imaginarme lo que debe haber sufrido. En cuanto llegamos, después de un viaje que debe haber demandado 3 horas como mínimo, aparecimos en un lugar desconocido, no tengo recuerdos de haber visto la cárcel desde afuera, nos hicieron sacar la ropa, ¡sí!, y nos hicieron, no me acuerdo como le llamaban, pero digámosle el túnel de la muerte. Eran 2 filas de milicos, los cuales parecían grandotes como chuarsenegger en sus peores momentos, munidos de palos y botas. Ya sé que han pasado muchos, muchos años pero espero ansioso la hora de reunirme con los miliquitos pateadores en el infierno, juro que les voy a meter un tridente por el culo. Lo que me gustaba era el clima, los miliquillos lo disfrutaban, era como una ocasión festiva. Nos pelaron la cabeza, nos hicieron duchar, gracias a dios que era en verano y nos metieron en una celda de castigo, se le llamaba "los chanchos", la celda constaba de un espacio elevado, de cemento, como para poner un colchón, una ventana microscópica arriba de todo. El espacio apenas era suficiente para que cupiéramos los 4. Uno de los cumpas era un, no sé si boliviano, jujeño o lo que sea por el estilo, no sé si, los comentarios que hacía, eran graciosos o si, por las dudas de lo que nos esperaba, nos reíamos de cualquier cosa. El otro era un cumpa que, al parecer, era piloto en la zona de Neuquén, lo pescaron usando el avión con fines guerrilleros. Bien ahí. Entre los 2 me ayudaban a mantener de buen humor a mi viejo. Fuimos a lo que llamaban “el fondo” de la cárcel, según parece era un pabellón de admisión, estábamos en la celda 805 ¡juéguenlo en la quiniela! Los presos políticos se juntaban según su color político, que otra cosa iba a hacer un preso político, después de todo, recuerdo que había muchos, más de los que uno hubiese podido imaginarse, que eran del PC, ahora seguro que todos están esperando que hable mierda del PCA, no hay nada en el mundo que me guste más que eso, pero los chicos presos del partido eran buenos compañeros, se mantenían organizados, supongo que les servía para repartirse cosas y para mantener la moral. Y la línea política que tenían era horrible, creían que era mejor Videla que un, eventual, Pinochet, yo creo haberles dicho, por cosas como esa es que la gente me quiere tanto, que me quedaba con el Pinochin. Yo por mi parte fui rápidamente reconocido como de la JG, me acuerdo que me mandaron cigarrillos, uno de los motivos fundamentales para hacerse meter preso es poder fumar en paz, me mandaron unos puchitos bastante aceptables que decían “AVOMPLA”. Éramos 3 uno de los pibes, después me enteré, decían que había batido gente, no sé si es cierto, en todo caso si te ponen, tipos que son profesionales, la picana en los gobelinos habría que ver cuantos, que se las dan de no-se-que-cosa, se la bancarían, no sé, digo. El otro pibe, lo volví a ver 10 años después de esto, es el único tipo vivo que conocí que estaba para la guerrilla, me pregunto dónde andará, siempre que escribo estas cosas me acuerdo de él y si le hace falta algún chiflado que, todavía, pretenda arreglar el mundo, acá estoy, no tiene nada más que avisarme. No sé si en el resto de la cárcel, en aquel momento,pero en ese pabellón no había cantina, la cantina es comida, o alguna otra pequeña boludez, que te compra tu familia, lo único que había para comer era el guiso de la cárcel, como constaba, normalmente, de unos huesos que flotaban en la sopa, se le llamaba “tumba”. Nos dejaban, en los días despejados, salir al patio, el patio era un espacio enrejado, para salir a caminar, algunos caminaban sin parar, otros jugábamos, mayormente, al ajedrez y al dominó, después se armaban grupos de charla. Algunos personajes que recuerdo eran, por ejemplo, del lado de los carceleros, uno de bigote que trataba bien a todo el mundo, sospecho que hubiera pagado fortunas con tal de no estar ahí, en cierto sentido daba más lástima que los presos que, después de todo, “en algo andaríamos”. Uno de los guardias se llamaba Ruiz y tenía por hobby espiarte todo el tiempo, las celdas eran 1 metro y medio de ancho, con un inodorito, una ventana con vidrios gruesos que apenas dejaban entrar la luz y una cama arriba de la otra, el tipo podía pasarse el día entero espiándote, si estabas sentado podía sancionarte por estar durmiendo, si estabas de pie te sancionaban por estar haciendo gimnasia. Era genial. Había un oficial al que le decían el bayo o algo así, porque tenía un mechón de pelo blanco, a ese se le atribuían varias muertes, al parecer le gustaba pasearse por las celdas de castigo y golpear, junto con otros valientes, a los castigados. Era un tipo inteligente, me vio en una fila y se dio cuenta, aun sin mostrarlo, que me le cagaba de la risa, casi me saca los dientes de un cachetazo. Hubo juicios por la U9 de La Plata y me parece que le tocó, a él, ir en cana. En un mundo más justo, el carcelero de él hubiera sido yo. De los presos me acuerdo de Lumumba, no se llamaba así, le decían así porque era muy negro, era delegado, o tal vez ni eso, de una empresa metalúrgica, lo recuerdo por su sentido de humor, virtud inestimable en la cárcel, hay gente en la cárcel que llora todas las noches. A esto último se le llamaba, perdón por la palabra, "cajetear", añorar la señorita, al menos una parte de la anatomía de la señorita, que tenías afuera. A Lumumba lo volví a ver en Estocolmo años después, había pasado mucho tiempo en cana y estaba fascinado con todo lo que veía, creo que por eso fue que no lo vi más, que dios me perdone pero siempre fui uno de los escépticos con el primer mundo. Uno, muy conocido, que estaba preso con nosotros era Piumato, si el sindicalista ultramoyanista o algo así, Piumato estaba enfrente y compartía celda con un chico al que le decíamos “Rodrigo Valdez”, lo mejor es que en los primeros días que salí en libertad estuve parando en la casa de Rodrigo, un tipazo al que nunca más volví a ver. Piumato y Rodrigo tenían buena onda se la pasaban haciendo postres y repartiéndolos. Esto era ya en los pabellones de adelante, estábamos rodeados de profesores universitarios que comían ¡prácticamente todos! una dieta especial que, en realidad, tampoco comían y la ligaba yo que había perdido, en los primeros meses, 10 kilos, soy un enano ustedes no saben lo que son 10 kilos para mí, de hecho me vino a ver la cruz roja que me pesó aunque nada más que eso, parece que con menores de edad, en cárceles de máxima seguridad, no había ningún problema. La única vez que veíamos presos comunes era cuando nos cortaban el pelo, yo siempre pedía que me raparan porque si no te dejaban el pelo al rape en los costados y una especie de jopo en el medio de la cabeza, no sé si estaba consciente de eso, en aquella época, pero era el peinado de Hitler. El coiffeur era un preso no mucho mayor que yo en edad, decían que tenía una condena de 17 años, ni papillón sobrevive 17 años ahí, por haber matado a alguien en un choreo, los cumpas le tenían miedo, pensaban que por ahí le daba la loca y te clavaba la tijera en el cogote, a mí me pareció que el pibe estaba más asustado que yo, es más, me pareció que estaba más asustado que los presos que estaban asustados. Después estaba Jauregui que era el padre de un guerrillero, creo que el cumpa era del ERP, al que mataron después de pelear una batalla en la que, ya sé que uno no es religioso pero ese cumpa esta con un montón de minas lindas en el paraíso, la quedaron varios agentes del orden. Para vengarse retrospectivamente lo metieron en cana al viejo, no sé qué fue del viejo, estaba muy deprimido o tenía un sentido de humor demasiado avanzado, decía que todos íbamos a morir ahí, es muy probable que en el caso de él haya resultado cierto. Teníamos visitas que, por aquel entonces, en esa cárcel, eran sin el teléfono de las películas yanquis, mi vieja, pobrecita, no era la persona más adecuada para pasar por una situación así, a la entrada requisaban y verdugueaban, verbo este muy útil para describir la cárcel, a los familiares. Las chicas decían que habían unas guardia cárceles tortilleras que abusaban de ellas, que lindo es que la gente se quiera. Pero mi vieja o, mejor dicho, nosotros tuvimos muchísima suerte. Esto daría como para explayarse más largo pero mi viejo tenía un patrón, un viejito que no era nada, pasaría desapercibido en casi cualquier circunstancia, y que le mantuvo el trabajo y el sueldo durante todo ese año. Cuando lo volví a ver no sabía que decirle, creo que no era, en absoluto, consciente de lo que había hecho por nosotros, han pasado muchos años, debe estar en algún lugar esplendido del paraíso y todavía, en el paraíso la eternidad debe ser igual que un instante, no debe tener idea de porqué. Hablando de requisar y verduguear, la requisa era uno de los momentos culminantes, se llevaban las cosas que escribías, te afanaban la yerba, te cagaban bien a patadas y te podían mandar a los chanchos por no tener hecha la cama. Otro aspecto que no mencioné era como venían los presos, casi todos venían heridos y aterrorizados después de haber sufrido golpizas importantes y torturas, de las torturas no voy a hablar porque tiene algo de morboso y de siniestro, aun así les cuento que la gente hablaba de la parrilla, una de esas viejas camas de metal conectada a unos electrodos. Se hablaba de cosas mucho peores. En general los presos que venían de Coronda o de Sierra Chica decían que la U9 era como una colonia de vacaciones. Después de que liberaron a mi viejo fue como que ya no estaba más preso, la verdad es que me gustó quedarme con la celda para mí solo, mi viejo, un pequeño judío corajudo, todavía me vino a ver, le dije que se dejara de joder y que no viniera más, lo único que conseguí fue ofenderlo. Al poco tiempo me largaron a mí también. Descubrí que la única ropa de civil que tenía era la que había usado mientras estaba secuestrado, algún cumpa que se daba maña con la aguja y el hilo me la arregló. De cualquier manera por la edad que tenía, el corte de pelo y los remiendos, medio que daba 100 % un colimba. Cuando me largaron estaba oscureciendo, una de las historias de las que siempre se hablaba en la cárcel es de cómo te dejaban en libertad de madrugada y te hacían desaparecer o te aplicaban la “ley de fuga”. Al salir di vueltas medio al pedo y me subí a un árbol, nadie me seguía. En las primeras épocas que anduve por la calle me pasó de encontrarme con gente conocida y que salía corriendo de verme, eso siempre me ha parecido muy divertido. | |
Dedicado a la Sra. Milagro Sala, a Boudou, De Vido, D'elia, Zanini, Jones Huala y demás presos políticos.
martes, 21 de marzo de 2017
El desaparecido que, todavía, vive. (1977)
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Los que leen siempre este blog no van a encontrar nada demasiado nuevo, es que se viene el 24 de marzo y pensé que el público se renueva y que ser un desaparecido vivo, a veces incluso coleo, no es algo tan frecuente. Bueno, resultó que yo era de la JG, al parecer nadie se acuerda que existió esa organización, era una escuela de futuros militantes/cuadros del PRT. Eso fue para el 75, a fines del 75 empezamos a sentir el cambio de clima, muchos pibes menos convencidos o más realistas, empezaron a abandonar la organización. El PRT recibió muchos golpes para fines del 75, eso es algo de lo que podemos dar fe ahora pero, en su momento, hablábamos de que era un “momento de la lucha” o de “reflujo” o lo que sea por el estilo. La verdad es que el PRT-ERP venía tan golpeado que había terminado por proponer una tregua, pero los milicos tenían otros planes. Al empezar el 76 al PRT ya no le quedaba mucho, habíamos tenido batidas, caídas varias, nos pasamos, al menos nosotros, escapando de un lugar a otro. Creo recordar que para marzo-abril del 76 había caído gente de la dirección nacional de la JG y anduve escondido, nos escondíamos en casas de parientes, amigos, había gente que dormía en baldíos o armaba carpas como si estuviera de vacaciones. A mitad de año la cosa se puso peor, en el 75 estábamos en el Nacional Buenos Aires y, éramos pésimos militantes, nos habían echado a todos, mejor dicho, los mejores militantes habían quedado en el colegio, esta historia ya la conté, dicen que los secuestraron haciendo una pintada, en un rincón perdido de Barracas. A partir de ese momento los que habíamos sido del nacional estábamos obligados a escondernos donde pudiéramos. También cayeron, no tengo idea de cómo ni cuando, compañeros de la UES, nos enteramos porque algunos eran de los que se llevaban bien con nosotros, solamente los conozco por el sobrenombre, me dijeron que eran Pepe, Toribio y Martincho, dicen que, al menos en un caso, los mataron en un enfrentamiento. Yo no pude sostener la clandestinidad, la gente no habla de eso pero, para llegar a ser un combatiente revolucionario, se puede tener asma como el Che pero hay que tener un sistema inmunológico a toda prueba, después de meses de vivir, más o menos, en la calle terminé con una meningitis machaza. Pasé meses internado y mi casa, que era donde se reunía, entre otras cosas, la dirección nacional de la JG, no cayó. Cuando me levanté de la cama todavía andaba dando vuelta una JG residual lo que estaba bastante bien para mi que también había quedado medio residual. Una de las tareas, absurda en el contexto, de aquella JG era armar una biblioteca, la biblioteca constaba, pura y exclusivamente, de tomos de obras completas de Lenin. Llevar todos esos tomos al departamento donde vivía con mis viejos hubiera sido un peligro, una violación flagrante a todos los protocolos de seguridad. Le pedí la llave de la farmacia donde trabajaba a mi viejo y, haciendo como 5 viajes, me fui llevando los tomos blancos, con un grabado con la carita del pelado, de la editorial Cartago que era del PC. A principios del 77 la cosas pintaban mejor que nunca, estaba bastante recuperado, las secuelas de la enfermedad me iban a perseguir más adelante, la gente de la JG empezaba a reorganizarse, los montos todavía estaban en la calle, la dictadura estaba políticamente aislada, siempre creemos esas cosas, y, sobre todo, el departamento, si no había caído hasta entonces, ya no iba a caer más, después de todo porque no tener un poco de suerte entre tanta desgracia. Me vinieron a buscar, era de noche tarde pero no de madrugada, uno de los últimos días de enero de 1977. El portero nos conocía y, tal vez haya pensado en avisarnos, a lo mejor creyó que se trataba de un mal entendido. Empezaron a golpear la puerta y a identificarse como “ejército argentino”, ese fue un instante decisivo, mi vieja estaba poco al tanto de la verdadera situación, si hubiera sabido que los pibes, que venían siempre a casa, estaban en su mayor parte desaparecidos y muertos, lo hubiera pensado mejor, antes de abrir la puerta, si la vieja se hubiera demorado, hubiese podido escabullirme por una ventana. Los milicos vinieron porque, nunca he terminado de estar del todo seguro de eso, la farmacia se incendió y cayeron los tomos. Los tipos que entraron me parecieron de gran estatura y venían armados, llevaban una ropa curiosa de “paramilitares” medio ropa de fajina de ejército, medio ropa de civil, al parecer, como parte de sus correrías, le robaban ropa a los secuestrados y se la ponían. Robaban todo lo que tuviera valor, frente a la enormidad de los crímenes que cometieron eso queda como una banalidad. Estaban borrachos y drogados, cualquier acto de resistencia más o menos organizado hubiese terminado con estos tipos muertos, se nota que hay muchos en el lugar de donde vinieron, me pregunto si, estos, perejiles, carne de cañón, habrán ido en cana. En cuanto entraron, después de atarnos y meternos culatazos, empezaron a revisar papeles, les interesó una libreta con teléfonos, preguntaron hasta el último nombre. Mi viejo, probablemente el acto de coraje más grande que he visto en mi vida, les dijo que, si me llevaban a mí, que lo llevaran a él también. Nos metieron en una camioneta, me da la impresión de que era de esas marrones del ejército, nos tiraron al piso y pusieron sus pies arriba nuestro. Salimos a dar vueltas, tenían otras camionetas y también subieron alguna gente a la nuestra. Algunos, fachos, discuten sobre la cantidad de desaparecidos, deberían preguntarle a los milicos, todo lo que vengo describiendo parece parte de un plan sistemático, es seguro que saben a cuanta gente querían hacer desaparecer, todo indica que se trataba no de secuestrar determinado tipo de gente sino de cumplir con determinado número. Uno de los detalles por los que siempre pensé que estábamos en la ESMA es que, en algún momento, pasamos por el túnel de libertador que pasa bajo el tren en Belgrano, no me pregunten como me di cuenta, solamente lo sentí. Otro detalle que, al parecer coincide, era esa especie de galpón lleno de columnas que eran como de hierro, me llevaron a pasear y me daban la cabeza con ellas. Todavía ahí nos interrogaron, una especie de empleado de comisaría. Hasta ese momento estaba convencido de que me iban a matar más o menos rápido pero el interrogatorio tuvo algo de desidia, no había nada respecto a mí que les resultara interesante. Supongo que me salvó mi aspecto físico, tenía 16 años pero aparentaba menos, hubiese sido un poco más alto, con más barba y más morrudo y probablemente me tiraban en el río. De ahí nos llevaron al chupadero, te dejaban encadenado a una pared con una cadena corta que no te permitía ponerte de pie. En cuanto me pareció seguro, me saque la venda que llevaba en los ojos, el “tabique”, vi un par, al menos, que estaban con sangre, uno respiraba con dificultad, no le faltaba mucho, otros que estaban de buen ánimo, yo también pero lo mío era un acto de inconciencia, mi viejo no se sacó el tabique pero después resultó que recordaba más cosas, y más gente, que yo, lástima que murió hace 25 años. La orientación era que nadie daba su nombre, realmente un pavada. Nadie podía sobrevivir ahí más de unas semanas, por eso deduje que todos eran, más o menos, recién llegados. Me llamó la atención una chica embarazada, me acuerdo que había un pibe, ahora lo veo como un pibe, que parecía ser el compañero de la piba, siempre me pareció que hablaba con acento chileno o mendocino que es indiferenciable, me acuerdo porque este cumpa trataba de darnos ánimos, la chica estaba muy panzona y, creo, llevaba una remera roja, dios quiera que no estuviera cubierta de sangre. Era morena, de tez clara, muy bonita. De la chica me han preguntado varias veces, no se más que lo que escribí acá. Nos trajeron restos de asado para comer, argentina tierra generosa. Cuando se les ocurría, traían un tacho para orinar, terminábamos orinando contra la pared, de modo que el lugar olía muy agradable. Mi táctica, no se si lo más razonable, fue dormir todo lo que pudiera para hacer pasar el tiempo y conservar la energía. A veces se llevaban a alguno, a veces, volvían hechos mierda y, a veces, no volvían, no creo que nadie saliera de ahí caminando por la puerta y no me imagino a esos angelitos diciéndole a alguien: “vuélvase a su casa que nos equivocamos, amigazo”. Para el segundo día descubrí que la cadena no estaba tan firme en la muñeca, decidí, por las dudas, espiar como era el lugar. Las paredes tenían pintadas que decían insensateces como “nacionalismo por la razón o la fuerza”. Había una ventana que tenía rejas, del otro lado se veía un campo verde, unas vías, tal vez hubiera un trencito abandonado y el río. En donde declaré me dijeron que si, que era la ESMA. A la mañana, creo que fue de mañana, del cuarto día me llevaron en un auto de civil de la cana, pienso que era la cana, y me dejaron en la calle moreno al 1200: superintendencia de seguridad federal o algo así, era una parte de la cana que se ocupaba de operaciones de inteligencia y que le decíamos “coordina”. Cuando entramos a la cana nos taparon la cara con una remera como si fuéramos delincuentes. Aun después de todos estos años, me sigue pareciendo gracioso. Todavía estábamos secuestrados pero esa es otra historia. |
jueves, 8 de diciembre de 2011
Compañeros de la JG desaparecidos en el Nacional Buenos Aires. (1976)
viernes, 21 de enero de 2011
La dirección nacional de la JG funciona en mi casa (1975)
martes, 22 de septiembre de 2009
Misterios Argentinos, hoy: El exilio en Suecia parte I

Mi primer contacto con los países nórdicos lo tuve en Río de Janeiro. Una señora mayor, creo que era la embajadora, me dio la bienvenida a Suecia y me dijo que, no me asustara con el idioma, porque me iba a resultar fácil. Me acuerdo que ese avión venía lleno con sudamericanos refugiados en Río. En el aeropuerto de Copenhague me encontré con otros sudacas. La gente alrededor nuestro se veía altísima, rubia y, así me pareció, con carita de orto. Lo que no sabía era que esos eran los daneses que son simpáticos, los suecos son todavía más cortados. Los daneses comen unos sándwiches de mariscos que deberían ser una exquisitez pero no lo son, ya están advertidos. Un avión chico nos llevó hasta un pueblo llamado Växsjö (no intenten pronunciar eso, no se puede). Yo creo que lo que se veía desde el avión era la aurora boreal. |
Nos llevaron a un "campo de refugiados". Es divertido porque uno piensa en Etiopia, resulta que las "chozas" tenían alfombras y tapetes, cuadros en las paredes y muebles de verdadera madera como nunca había visto en mi vida. En mi casa en BA teníamos una mesa de fórmica. Vi a un cumpa que tenía una heladera por primera vez en su vida y lloraba. Lo entiendo pero, para mí, el único uso razonable para una heladera es enfriar la cerveza.Compartíamos la casa, era una casa con vista a un parque, con una pareja de orientales, eran mayoría, llamados Chidoro y Charito. Tomábamos mate, el mate uruguayo es como los sándwiches de los daneses, debería ser bueno pero…Y yo les contaba historias de BA, la gente que viene de pueblos chicos no tiene historias para contar, por más que pinten su aldea y sean universales. Comíamos en un comedor. Los suecos desayunan con caviar. El caviar de verdad, el caro, debe ser espectacular pero el de los suecos se llama "Kalle Kaviar" (Kalle=Carlitos) y tiene gusto a pescado podrido ahumado. Puedo decir que en ese el comienzo de mi lucha para alimentarme en las heladas estepas nórdicas. En los cinco años que viví en Suecia nunca me acostumbre a la comida. Servían ravioles como de seso, un pescado con pimienta carente de gusto pero lleno de espinas, una sopa de garbanzos aguachenta, una especie de mejunje tipo tortilla de papas pero horrendo y, como si esto fuera poco, una especie de morcilla con un, inexplicable, montón de azúcar. Los muchachos vikingos estos, no tienen una cultura del morfi como la nuestra, en general, comen para alimentarse. Están obsesionados por las vitaminas y la higiene. Pero algo les falla, tal vez sea como debe ser, porque casi todos los suecos viven con dolor de estómago tomando unas pastillas que no me acuerdo como se llaman. |
En el campamento había material para escribir enciclopedias sobre las izquierdas latinoamericanas. Los cumpas chilenos eran bien de base, los argentinos todos de clase media radicalizada y los uruguayos un poco de cada cosa. Si uno se pone a pensar, puede que no sea recomendable, no se explica porque la izquierda de Chile que tenía tanto peso de clase obrera todavía no se pudo sacarse de encima a Pinocho (porque todavía no pudo). Y porque la izquierda argentina, de lejos la más débil, ha sido la que más avanzó. Supongo que, si uno más uno fueran dos, en política, tendríamos matemáticos gobernando como en las novelas de Asimov. Desde acá puedo oír como los peronistas se ríen de los marxistas. Los argentinos que veníamos del PRT, yo era de la JG, nos armamos la orga en seguida. La idea era volver al país cuanto antes, me acuerdo que leíamos los editoriales de "El Combatiente" o algo así, escritos por Luis Matini. Años después lo conocí a Matini y sabe de política menos que yo, lo que es mucho decir. Para volver al terruño nadie pensaba demasiado en una línea política o en una organización. Había que conseguir muchos fierros y volver a los tiros. Lo que era maravilloso, y más para mí que era un adolescente grandulón. Nos faltaban dos cosas, los argentinos no somos cubanos y además, en vez de a Fidel Castro, teníamos a Matini. |
Lo que hacíamos en el "campamento" además de hablar macanas, leer a Matini y añorar el asado, era estudiar una cierta cantidad de horas. En realidad los gringos te tenían en el "campamento" para que aprendieras lo básico y buscaras un laburo ¿Para que otra cosa ibas a estar ahí, después de todo? Así que después de, no me acuerdo cuantas, horas de estudio te ayudaban a buscar un empleo, a alquilar una vivienda y listo. Muchos latinos ya se deben haber jubilado de los laburos que consiguieron hace treinta años. Muchos cumpas se sentían cómodos en el ambiente medio de guardería que tenía el campamento y se pasaban años metidos ahí. Es angustioso de solo pensarlo. La orientación que tenían los empleados que nos cuidaban era que fueras a vivir a algún pueblito donde hubiera bastante trabajo. En la época, me parecía medio una mierda ¿Qué es eso de que te lleven a vivir a pueblitos de diez mil habitantes? Ahora veo que, también en eso, tenían razón. Me acuerdo que nos llevaron a uno de esos pueblitos, como una excursión del colegio, y que había unos muchachos que protestaban y que exigían que nos llevaran a ver a los pobres. En un país de esos no hay villeros, en realidad a los villeros medio que los liquidaron, o los echaron, a todos, en las hambrunas de fines del siglo XIX por eso tuvieron que traer a los cotures, y a nosotros, para que limpiáramos el piso. Cuando llega el invierno la temperatura baja, fácilmente, a 20 bajo cero y hay un metro de nieve. Así no hay villero que aguante. Eso no quiere decir que no haya pobres. Si nos ponemos a comparar entre un pobre que vive allá de la seguridad social y un cartonero de los nuestros. El cartonero tiene mejor calidad de vida y más libertad. Me encantó escribir esto. Casi puedo sentir el ruido de calabazas que se partieron. Siempre y cuando nuestro aguerrido cumpa cartonero sea joven y sano y no tenga 7 u 8 hijos. Los pobres de allá no pueden trabajar en negro, porque "no hay corrupción" de bichos chicos, claro. Al sueco pobre le cuentan las moneditas y lo vigilan para que no se zarpe. Lo vigilan dándole la guita justa para comer, ni tetra, ni choripan, ni fútbol gratis y lo vigilan inspeccionándole la casa. Y son unos rebuchonazos a niveles inimaginables en esta Pampa bárbara. Ahora, si tenes alguna discapacidad, bueno ahí si, son civilizados. A un cumpa que los milicos lo habían dejado paralítico le regalaron, directamente, un auto especial, que dios sabrá cuanto costaría. Un cumpa que tenía 7 hijos vivía sin trabajar porque le daban una guita por hijo que iba aumentando con la cantidad y porque le daban una casa gratis. Una maravilla. Habría que ver, después de un montón de años de gobiernos de derecha, si las cosas siguen siendo así. |
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