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Con Cristina.
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jueves, 5 de abril de 2012

Tiene que haber juicios para los genocidas de Malvinas, también, y para los cómplices.

No pensaba escribir sobre la guerra de las Malvinas porque me la perdí. En realidad soy unos añitos mayor que la clase que fue pero tomando en cuenta que estuve preso y que, probablemente, de haber estado en el país hubiese pedido prorroga. Es posible que me hubiese tocado ir. Aunque, en realidad, me hubieran matado mucho antes.


Me acuerdo que el 2 o 3 de abril a la tarde estaba en Estocolmo rumbo a jugar un partido de fútbol en el "club de los cronopios", así se llama ese club, muy precario, donde todavía tenían sus mesas unos gallegos de la república y se bebía amontillado, una especie de jerez. Como de costumbre era el único que leía el diario. Cuando les dije que estábamos en guerra con Inglaterra, y la NATO, nadie me creyó.


Recuerdo la reunión tormentosa del "Argentina Komitten" y de los muchachos montos-montoneroides que se iban a ofrecer de voluntarios a la embajada.


Lo más simple es decir que la idea, cualquiera de ellas, era contradictoria. Por un lado un país del tercer mundo le hacía la guerra a la NATO por otra el país estaba gobernado por la junta militar. Que la argentina estaba siendo invadida por un ejército de la NATO justificaba que los pibes se ofrecieran de voluntarios.


Eso suponiendo que los milicos realmente estuvieran dispuestos a pelear contra sus propios mentores.


Y no fue así.


Hemos demorado décadas en saber que era lo que había pasado.


Por ejemplo hoy recordé, gracias a un artículo que salió en el diario Tiempo como los directivos del banco central dejaron la guita depositada en Londres para que los ingleses se las embargaran. Se habló de eso pero pasó tanto tiempo que lo habíamos olvidado.
Porque quien deja la guita deja las armas y quien deja las armas no pelea.


Viéndolo de afuera y después de todo este tiempo, muchas cosas han sido olvidadas pero la impresión general es que todo lo que se hizo, en materia militar, o fue hecho a desgano o con un contenido meramente simbólico.


Siempre pensamos que fue una movida desesperada de la dictadura. Tal vez no fue tan desesperada.


A todos se nos escapó porque tanto los medios de la dictadura como los de la NATO no hicieron ningún comentario profundo sobre eso.


Mandaron colimbas que apenas si tenían instrucción. Un militar de verdad debería pegarse un tiro en la cabeza antes de hacer eso.


Mandaron pibes de 18 años mientras los cuerpos de elite del ejército se quedaron en su casa. Supongo que fue para prevenir el rebrote subversivo.


Los colimbas fueron enviados deliberadamente a morir. Con armamentos obsoletos o incompletos. Puede ser que en la Argentina no hubiera botas ni camperas. Puede ser que no hubiera máquinas para excavar ni maderas para hacer una trinchera decente.
Como hacer una buena trinchera figura en cualquier libro.


Si Uganda, con todo respeto, entra en guerra en Uganda te hacen una trinchera de verdad. El ejército de Sadam Husein fue aplastado y fue traicionado por sus propios generales pero tenía tanques y cañones de verdad.


Los pibes fueron enviados a morir siguiendo un plan deliberado.


Los únicos que pelearon de verdad fueron los milicos de fuerza aérea. Eso pasa siempre, los pilotos son un cuerpo de elite con amor propio. Aunque también ahí hubo sabotaje, también de eso se habló hace años. Los pilotos llenaban a los barcos de la NATO con bombas que no explotaban.


La marina, siempre los primeros a la hora de matar argentinos, se desentendió de la guerra. No eran traidores, eran extranjeros que llevaban la bandera argentina como camuflaje.


Incluso lo del fondo patriótico. Lo del robo de las joyas tiene un antecedente ilustre: Mussolini y sus muchachos hicieron lo mismo, se afanaron las joyas que el pueblo donó para los famosos cañones del Duce. Pero cuando se afanan los víveres, me acuerdo de las noticias de los pibes que iban a comprar chocolate y se encontraban con cartas a los soldados, es una táctica deliberada.


La guerra fue hecha para desviar la atención. Y lo lograron. Contando con la complicidad de la clase política de aquel entonces. Recuerden a los políticos que decían que "no tenían ningún apuro" en desplazar a la dictadura.


Si me preguntan a mi debería haber juicios por traición que abarquen hasta a los sargentos que ayudaron a aniquilar a sus propios soldados en las Malvinas. Y debería haber juicios por traición a los políticos que tuvieron tanta "paciencia" con la dictadura después de la guerra.


Y para las ratas mentirosas de los medios también.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Vuelve una de las más maravillosas instituciones argentinas: La Colimba.

La colimba hizo feliz a varias generaciones.

Un montón de muchachos juntos, siempre cagados de hambre, encanados en un cuartel lustrando
botas. Todo por la patria.


Mi viejo hizo la colimba en la década del 40, en aquellos días un estudiante, aun un estudiante judío era tratado con respeto. Mi viejo siempre recordaba haber desfilado con un tanque.


Como todo el mundo sabe la argentina normal, un poco paternalista, un poco conservadora pero "con rostro humano" desapareció cuando derrocaron a Perón. Dictaduras cada vez más feroces se sucedieron.


La colimba se hacía por un sistema de sorteo, igual ya sea por una misteriosa violación de la ley de probabilidades o por porque son unos hijos de puta, los vástagos de las familias nobles, la gente fina, la parte sana de la población nunca pasaba a menos de 10 kilómetros de un cuartel. Salvo que fueran, además de garcas, unos tremendos pelotudos.


El número de sorteo también decidía si a uno le tocaba ejército, marina o aviación. Nunca he conocido a nadie que le haya tocado la marina pero suena tan divertido. Además he oído decir que eran 2 años. Genial.


Los números del místico sorteo, al parecer, también definían la ubicación geográfica del cuartel. A los más acomodados, probablemente tipos con contactos que sobornaban a los milicos o lo que sea, les tocaba en el regimiento ese que había en Palermo o, al menos, en La Tablada (antes de Gorriaran), a los plebeyos, como uno, les daban la oportunidad de disfrutar de los más hermosos paisajes de la patria como Zapala, el regimiento de Esquel o el puto canal de Bagley (como decía un amigo). Pero a no entristecerse porque podías recibir cartas, salvo que los milicos se les metiera en la cabeza que venía la guerra como con Chile en el 78.


Aun sorteado, había salvación, conocí al menos un flaco que se hizo pasar por loco. También te podías salvar de la colimba si eras gay. Simplemente tenías que mostrar el orto.


Una de los escasos motivos de orgullo de mi vida es ser desertor, aunque técnicamente soy nada más que un infractor porque me fui antes de ser sorteado.


Pero deserté, antes de que me tengan un año de mi vida boludeando en un cuartel y que un milico sorete me verduguee hubiera preferido que me cagaran a tiros tratando de escapar.


Hay casos de pibes que eligieron suicidarse antes de ir a la colimba.


Me doy una idea de cómo era el régimen que forjaba a nuestros soldados por la experiencia que tengo de la cárcel. Te daban una camisa, un pantalón y un buzo. Las prendas estaban calculadas con suma precisión o te quedaban dos números más grandes o te quedaban chicas. Estabas obligado a arreglarte la ropa porque si el botón estaba torcido te sancionaban. Te podían hacer correr alguna hermosa mañana de enero bajo el sol con el equipo completo, mochila, el arma y cualquier porquería de milico que se les pudiera ocurrir. El presupuesto para la comida era enorme, tal como en la cárcel, deberían haber comido lomo a la pimienta todos los días pero, otra vez por esos caminos inescrutables de la dimensión desconocida, había un guiso aguachento llamado "tumba" por la presencia ocasional de algún osario de origen indeterminado. Te daban unos fideos masificados a los que llamábamos "fideos a la piedra" y que usábamos para fabricar piezas de ajedrez.


Un buen día un soldado se encontraba sin botas, si no conseguía otro par el castigo podía ser una paliza tremenda y una temporada en el calabozo. Entonces el soldado empezaba a buscar a alguien lo bastante débil, lo bastante desprevenido como para robarle, él, las botas.


Lo único que he visto que la gente aprendía en la colimba era a robar.


Durante el proceso, no le decimos más dictadura militar para no ofender a Clarín, desaparecieron decenas, tal vez cientos, de colimbas. Un pibe de 18 años en 1978 militante guerrillero suena bastante absurdo. Por lo menos esos crímenes, por abyectos que sean, tenían alguna clase de motivo explicable. En cambio los múltiples asesinatos de pibes sin ninguna militancia que se sucedieron antes, durante y después de la dictadura de Videla son una simple expresión de odio hacia los jóvenes.


La locura y la imbecilidad dan más miedo que el mal en sí.


Ah! Si que era linda la colimba. Creo que la culminación, el cenit, la hora más gloriosa de esta institución llegó con la guerra de Malvinas.
Dicen que ahora empiezan los juicios por las torturas sádicas contra los pibes. Uno pensaría que estos ingleses torturaron a nuestros soldados. Pero no, los milicos, siempre buscando mejorar las cualidades guerreras de los chicos de 18 años, los sometían a brutales tormentos, seguramente para atemorizar al invasor. Y esto debe ser idea mía que soy tendencioso y nada, pero nada, independiente pero los milicos pelearon en Malvinas hasta el último colimba.
Después del escarnio de Malvinas la colimba siguió iluminando a nuestra juventud por 12 años más. Y solamente la audaz política económica de Alfonsin y de la Rata Inmunda logró el milagro de obligar al gran ministro Cavallo a terminar con la farsa.


Tenemos cifras con los jóvenes muertos por la colimba. Pero yo me pregunto si tenemos alguna estimación de los que quedaron enfermos, tullidos o incapacitados en el servicio militar. Tenemos cifras que dicen que la cantidad de suicidios entre los veteranos de Malvinas excede cualquier expectativa razonable. Cuantos pibes quedaron mal por el resto de su vida por esa boludez ridícula de la colimba creo que no lo vamos a saber nunca.


Pero ahora, por fin, los partidos del orden, los radicales, los Pro y el ratonismo disidente han comprendido que lo que el país necesita es que vuelva la colimba. La nueva modalidad es, acorde a los tiempos, revolucionaria habrá una colimba solo para pobres. En el nuevo mundo Clarín la clase media tendrá paz y derechos humanos y los pobres jóvenes pobres tendrán a un sargento puto que los mantendrá secuestrados en un cuartel obligándolos a correr con una mochila y a hacer saltos de rana.


Hasta que se descompongan esos maricones que parecen judíos.