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Con Cristina.

martes, 15 de noviembre de 2016

La prohibición de vender cerveza en los kioscos va a generar más fumadores de marihuana.

Me acuerdo que, al principio, todos los funcionarios incluían en alguna parte de su discurso alguna admonición sobre la “guerra contra la droga”, hay mucho silencio, en los últimos meses, respecto a eso, hay mucho silencio respecto a todo.

Para empezar los yanquis inventaron la guerra antidroga para perseguir a los negros y latinos que, al parecer bajo el efecto de la papa, se estaban envalentonando. La persecución contra la droga empezó con el racismo, siguió con el racismo y va a morir siendo racista, por cada blanco que la cana yanqui pesca fumando caño, pescan a 10 morochos, y los blancos se fuman más que los gronchos.

Acá es, como de costumbre, lo mismo, un poquito peor, un poco más trucho, las villas son asaltadas por canas militarizados para llevarse 3 porros y 2 mogras de frula. Mientras en los países serios, en los países normales, rige cada vez más una política de “control de daños”, en Suiza, a los pichicateros, hay centros de salud que les suministran la papa, en Holanda el fumo está legalizado y te lo venden en unos boliches. En el Uruguay, no se en que mes, empiezan a vender el fumo en todos lados.

¿Cuál es la idea del control de daños? Controlar y reducir el consumo sin marginar ni cagar a palos a los adictos, se descubrió, vaya novedad, que el 90 %, o más, de los tipos que consumen falopa con fines recreativos no se vuelven adictos. Es peor todavía, muchos, por no decir casi todos, los tipos que si se vuelven adictos, pueden llevar una vida normal, dándose un saque de vez en cuando.

Ya desde hace tiempo, en nuestra pampa, nunca mejor dicho, bárbara, estamos yendo al revés, nos aparecen juecesitos y fiscalitos que persiguen a pibes que se están quemando un caño.

Ya desde hace un tiempo, la ridiculez de la prohibición, que no prohíbe nada, esta avanzando, ahora no solo se trata de perseguir a los consumidores de drogas livianas, cosa que todos los especialistas consideran una barbaridad, sino de joder a los kiosquitos que venden cerveza.

¿Entienden el efecto que tiene esa boludez en la práctica? Cuando a los pibes no les venden cerveza, el dealer, que para eso está, se hace una fiesta. En vez de comprar cerveza, una droga legal y livianita y que, en el peor de los casos, tiene controles de calidad, les venden el fumo. Nadie sabe que carajo tiene el fumo que le venden a los pibes, cualquiera que tenga idea de cómo huele el fumo de verdad, huye espantado al sentir la porquería que les están vendiendos.

Tampoco es cierto que las cosas sean tal cual las plantean lo fumones, en pibes chicos el fumo hace mal.

Esto parece joda pero es así, es mejor dejarle las cosas al kiosquero, los tipos saben, sin necesidad de prohibiciones y represión, que es lo que va y lo que no va, saben cuando los pibes están comprando cerveza para compartir en un grupo grande, cuando le están llevando la cerveza a los viejos o hermanos mayores y cuando son muy chicos para andar bebiendo. No es que los kiosqueros se nos hayan vuelto unos buenos samaritanos, es que están en el barrio, conocen a la gente y la gente los conoce.

El dealer se maneja en las sombras, es, a su vez, un adicto, no le importa nada, les puede vender frula o pastenaca a pibes de 10 años sin ningún problema. ¿O ya se olvidaron de cómo hicieron cagar a los pibes en “Time Warp”?

Y otra cosa más, ya vamos a escribir sobre eso, pero en los States hace una bocha de años, los tipos que estaban contra la “guerra contra la droga” decían que entre muchos de los más fanáticos “enemigos” de la droga y los narcotraficantes había una relación. Un “lazo diabólico” si lo quieren expresar así.

Me pregunto seriamente si ahora, en nuestro país, no está pasando lo mismo.

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