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Con Cristina.

jueves, 13 de marzo de 2014

La ley de la selva. La extrema derecha no quiere códigos.

En estos días hemos tenido una nueva campaña a favor de la punición y de la mano dura. En realidad es casi peor que eso, es una campaña en contra de tener un código. ¿Por qué los amigos de la, extrema, derecha se oponen a tener un código? Incluso aunque el nuevo código no es ni super evolucionado ni guevarista.

Pero es un código, un código, aun el más retrógrado, puede ser una defensa contra la arbitrariedad. Los muchachos de la ultra buscan el no-código que hay ahora. El no-código deja todo en manos de jueces y de la estructura de "estudios" y de operadores varios.

Los castigos para los ladrones de gallinas o para los portadores de cara, de caras negras, deben ser apocalípticos pero no codificados, eso generaría mucha bronca. El invento más sabio es la prisión preventiva, sin juicio y sin una mierda, de perejiles, garrones en muchos casos, que son llevados a tugurios infrahumanos, maltratados, torturados y violados mientras esperan, a veces durante años que un juez desencajone la causa. El código, es decir el no-código, actual es leve y permisivo con crímenes que involucran a tipos de clase alta como la trata de personas e incluso el femicidio. Para ese tipo de aberración siempre hay vueltas y atenuantes y si no fuera así te ponemos un boga, de esos que valen lo que cuestan, y que te impugnan todo y las pruebas desaparecen y aquí no ha pasado nada.

Para el pobrerío existe la reincidencia, un boludin de esos de la villa, de esos que se lleva tu valija y corre, termina recibiendo penas terribles, en condiciones terribles, sin rehabilitación, sin contención. Si matas a un infeliz atropellándolo con el auto te vas a tu casa y hasta te dan el registro, si robas valijas pasas 10 y hasta 15 años en un campo de concentración.

Porque así es el tercer mundo, con muchas cárceles y pocas escuelas.

En muchos casos el terrible delincuente ni siquiera se llevó tu valija sino que pasaba cerca y lo levantó la yuta, o formaba parte de la patotita de la esquina y esa noche la cana tenía que llevarse a alguien.

Una de las payasadas que, seguramente, van a hacer reír a los estudiantes de historia de futuro, es la famosa guerra eterna contra las drogas, el otro día leía en un blog, no se si era Zafaroni o alguno así, que decía que había caído, ponele, un camión de frula y el único detenido era el camionero. Cuando más mano dura hay, más guita hay dando vuelta para la droga y más loquitos hay tratando de venderle la pasta, la merluza o lo que sea a todo el que pueden. Además en el primer mundo dejan en paz a narcos y consumidores y se dedican a joder a los países que suponen productores y que están, más o menos, ocupados por ellos mismos como ser Colombia o Afganistán. Y todos los otros países están infiltrados por la DEA que te arma una guerrita y te interviene. La mayor mano dura que existe es el no-código que permite la proliferación de la policía corrupta, vean sino el caso de México, que termina siendo parte de los narcos y de las bandas.

Porque un país del tercer mundo no puede sostener una policía multitudinaria y de buena calidad.

Las escuelas y los subsidios son más baratos. Pero la clase media quiere la mano dura contra los negros, algo que los confirme como gente "mejor" y lo más mano dura es la ausencia de código.

Además los Doña Rosa de la clase media están, por así decirlo, en la línea de fuego, los ricos tienen guardias armados y fortificaciones y coches con seguimiento satelital y viven tras rejas y muros mientras los medio pelo andan con sus coches caros y sin el satélite y sin los guardias, en parte porque no les alcanza la guita, en parte porque son muy boludos, paseándose por la Cava y el Docke. Los medio pelo viven en casas de lujo en medio de barrios rodeados, no por villeros como quieren creer, sino por otros medio pelo más pobres que ansían tener lo que ellos tienen.

La inseguridad son los medio pelo que se matan entre si y para esa barbarie también es mejor no tener un código.

Pensar que los chorizos van a dejar de robar porque los fusilen o les corten una mano ya se mostró que no funciona y pensar que un código, por bueno que sea, va a cambiar radicalmente la situación es, por lo menos, iluso.

Pero el código limita los abusos, los pone en claro, ayuda a que no se reproduzcan.

Ni más ni menos.

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