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El crecimiento demográfico va a paso de tortuga en Argentina. Está lleno de viejos de más de 50 años, o adultos no-se-que-cosa si lo prefieren. Es imposible, salvo el Alzhaimer, que un tipo de más de 50 no recuerde la dictadura. Algunos tienen un buen recuerdo, al parecer la ideología hace que la gente piense cualquier cosa, esos que, supuestamente, tienen un buen recuerdo vivían aterrorizados. Y no solamente por la patota que te venía a buscar de madrugada o por la gente, en muchos casos sin militancia ni compromiso conocido, a la que, de la noche a la mañana, no se la veía más, también porque había un aparato de “justicia”. Nadie estaba muy seguro de no haber conocido a alguien, de ser propietario de una empresa “sospechosa”, de estar haciéndole sombra a alguien, de molestar a algún mandamás. Si cualquier piojito, nosotros conocimos preceptores de escuelas secundarias que hacían matar a los pibes, podía hacer que desaparecieras, imagínate o, mejor aun, recordá los juicios que te podías comer, te podías pasar media dictadura con prisión preventiva, en una cárcel de máxima seguridad, por haber hecho algo que no les gustaba a los señores. La dictadura tenía una especie de “tribunal” que era secreto y decidía con justicia perfecta, sin abogados, sin pruebas, sin testigos, sin causa, sin papeles, sin apelación, era cuando nos ponían a disposición del PEN, según le venía a este cuerpo secreto, se podían pasar los 7 años de la dictadura sin ser acusado de nada, por el solo, y terrible, acto de existir. El otro mecanismo era como la parodia de un juicio, podías tener un abogado, que solía terminar secuestrado/asesinado o compartiendo la celda con su defendido, podías tener testigos que solían terminar igual. A veces, por esas cosas del tercer mundo, terminabas teniendo el puto juicio, si había juicio casi siempre eras inocente, y te cagaban secuestrando cuando salías de la cárcel, en algunos casos y para facilitar la acción justiciera, te dejaban en libertad de madrugada, en medio de la noche. Conocí gente que no deseaba otra cosa más que seguir presa. Muchos de los jueces y fiscales de aquellos tiempos felices, andan entre nosotros, son grandes señores, respetables, el azote de los corruptos. Además, aunque no como en estos tiempos, había una pata mediática. Los medios importantes, y los no tanto, estaban bajo el control, en general no directo, nada mejor que los Magnetto para censurarse solitos, de los milicos. De ese modo te comías la acusación mediática para intimidar a los pocos que podían salir a defenderte, para silenciar, para que los fachos supieran que decir si aparecía algún bicho raro a cuestionarlos. Así fue, doy un ejemplo que conozco, con la Universidad del Comahue donde encanaron a profesores que, por enseñar matemática moderna o a tipos que eran filósofos de la ciencia, eran unos criminales, todo con difusión mediática y juicios donde las pruebas eran un par de libros de Marx. Los juicios eran espectáculos circenses donde, a un tipo al que habían secuestrado y le habían metido picana en los huevos, le mostraban un disco de Mercedes Sosa. Por cierto que en todos estos años nadie se metió con los jueces, fiscales, jurisconsultos y manyapapeles que le hicieron gauchadas a la dictadura ¿Cómo era que decía aquel romano? ¿Era Cicerón? “¿Quién vigila a los vigilantes?” La justicia revolucionaria jujeña es prácticamente igual a la dictadura. Aun los militares, en general, se quedaron con los jueces, unas joyitas, que heredaron, en cambio en la democracia del “diálogo” y el “consenso” los tipos que ganaron una elección se nombraron jueces a si mismos, los controladores que se controlan a si mismos y la suegra que controla a su yerno. Después de nombrarse jueces a si mismos, armaron una fiscalía especial dedicada a una sola persona, después la inundaron de causas. A Milagro le hicieron todo un juicio, con jueces, fiscales y todo porque a Morales o, quien sabe, algún otro payaso, le tiraron huevos. Un juicio por instigación a tirar un par de huevos. Le abrieron como 60 causas por el estilo, es razonable, hay toda una fiscalía que no tiene otra cosa que hacer. Los huevos vendrían a ser el equivalente moderno de los discos de Mercedes Sosa o los libros de Marx. Por lo demás la gente sigue presa por tiempo indefinido, en cárceles de máxima seguridad con golpes y torturas. El “testigo estrella” de este único juicio resultó ser empleado de Morales. Esto, más que a la modalidad “jurídica” de la dictadura se parece al estado de sitio. La causa de la instigación a tirar un par de huevos, hasta ahora, ha sido la única, el resto de las docenas de causas contra Milagro permanece en el limbo. Incluso los más desinformados empiezan a sospechar que, si después de 1 año y medio no tienen algo concreto de que acusarla, es porque no hay nada. Un año y medio presa por nada, porque no le gusta al señor gobernador, suena como una historia de la época de la independencia. Mientras tanto tenemos también la campañita troll/TN contra la negra, india, chorra, K y demases. Porque la dictadura se basa en usar los prejuicios ridículos de la clase media, o los boludazos que se creen clase media y se cagan de hambre, en contra del progreso. El progreso es que los pobres vivan mejor y los ricos paguen impuestos ¿Qué otra cosa iba a ser? La cruzada contra Milagro no es contra Milagro, ni siquiera contra el kernerismo o el progresismo en general. Es contra una cooperativa autogestionada, es contra el derecho elemental de laburar y hacer tu vida. Es por eso que termina en una dictadura, aunque tenga votos. |
cris
Con Cristina.
lunes, 22 de mayo de 2017
El gobierno de Gerardo Morales es una dictadura y debería ser derrocado por la fuerza.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Grandes boludeces argentinas, hoy presentamos: La politización de la clase media.
No quiero extender hasta el pasado más o menos remoto, por una cuestión obvia, ya no es tan fácil saber que hizo o que dijo alguien cuando vino Videla. Pero el filósofo criollo solo pide ecuanimidad. Al hombre sereno las perturbaciones lo encuentran buscando al universo en un vaso de Whisky. Cuando la inflación de Joe (como le decía Magdalena) era de más del 100 % anual, el sabio miraba para un costado y se encogía de hombros. Lo más que podía sacársele era un: "Malos tiempos, hein" y en general ni siquiera eso, quejarse por los tiempos que se viven es como quejarse por la luz de las estrellas en la noche o por la salida del sol. Cuando el borracho mandó a todos esos pibes a cagarse de hambre, a sufrir en el frío y a una muerte intolerablemente injusta, nuestro amigo apenas dejó ver una mueca de desprecio y desagrado. No mucho, a fin de cuentas, el mundo es un valle de lágrimas. Cuando Alfonsin llevó la inflación al 700, al 1000 %, había que aguantarlo, la clase media perdió sus ahorros, su casa, sus medios de vida pero queselevahace. Cuando la hiperinflación llevó a un ascenso imparable de los niveles de pobreza, a saqueos de multitudes de hambrientos y desesperados, no quedaba otra cosa más que aceptar las desgracias con serenidad como un árbol en medio de un huracán. Cuando se privatizó todo y los servicios empezaron a pagarse en dólares no había nada que hacer, quejarse hace las cosas peores. Cuando vino la hiperdesocupación la cola para un puesto de limpia pisos en el Mc Donald era de 3 cuadras y las madres iban llorando al aeropuerto para despedir a sus hijos que se iban con su título recién conseguido bajo el brazo, el hombre sensato dijo: "Es la vida" y nada más. Cuando el gobierno de Chupete empezó matando gente, docentes que protestaban en un puente en Corrientes, el mundo siguió dando vueltas. Cuando los bancos se llevaron la plata y no quedó nada y los boliches cerraban y gente, hasta ese entonces normal, empezó a vivir de bolsas de comida que repartía la municipalidad, el criollo esclarecido se encogió de hombros. Así era y así seguiría siendo. Cuando el gobierno de Chupete terminó en una orgía de asesinatos sin sentido el hombre filósofo supo que era el destino, que todo estaba escrito. Y también cuando la pesificación asimétrica hizo ricos a los de Clarín, premiados por haberse endeudado en dólares, y mataron a los piqueteros queriendo prevenir no se sabe que insurrección o lo que sea. La serenidad del hombre del medio pelo criollo hace aparecer a Gautama Buda como un chiquilin nervioso, nada lo perturba, nada desvía su camino. Pero un día, un día el hombre que todo lo entendía no quiso seguir más. Porque llega el día en que hasta el hombre más asentado espiritualmente pierde la cabeza. Si, llegó el día de la furia. Porque ahora, por fin, la voz indignada de este discípulo de Shidharta se hace oír. Porque la pobreza que cuando era de más del 50% nunca le molestó se ha vuelto insoportable. Y la violencia del gobierno criminal que persigue a los periodistas indefensos y los pacíficos consultores privados que, genialmente, son capaces de medir inflación sin tanta cifra llamando por teléfono a un supermercado de recoleta, ya no son admisibles. Y la persecución despiadada contra el pueblo Quom, que desde siempre le han merecido el más profundo de los silencios. Y los contratos secretos y terribles que van a dejar el país en manos de chevron y de los chinos que vienen por el agua. Porque antes estaba todo más o menos, tampoco hay que exagerar, bien, si Iberia dejaba 10 mil empleados en la calle, son cosas que pasan, si el megacanje agregaba 55 mil millones de dólares de deuda, así es la vida, el vivo vive del pobre etcétera. Pero si un gobierno fascista, polpotiano intenta imponer el comunismo ahí si que se acabó la tolerancia, hay que dar un golpe de estado para salvar a la democracia y sino el pueblo tiene que salir con un revolver y reventarlos a todos, ¿me oyeron?, a todos. Si me lo preguntan, prefiero a la clase media apolítica, cuando más apolítica, mejor. |
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sábado, 17 de noviembre de 2012
Donde, finalmente, nos rendimos y confesamos nuestro total acuerdo con la Dra. Carrió. ¡Vamos Lilita!
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Es frecuente en nuestro país dejar de lado a figuras esenciales, abandonar a luchadores que han dejado todo en pos de un país mejor. Vemos como en los últimos tiempos ha crecido un cono de sombra alrededor de esta querida dirigente social. Ya no aparece con tanta asiduidad en su acostumbrado lugar, en la mesa de JM Solá o en la de Luis Majul. Periodistas que la tuvieron como protagonista de sus ciclos durante casi una década. Ni siquiera el Dr. Grondona, que con sus antecedentes revolucionarios no debiera hacerle asco a nada, lleva a su programa a esta visionaria con la frecuencia que correspondería. Pero muchos son los desagradecidos en este país. En primer lugar el gobierno, de no ser por las profecías espantosas de la Dra. que terminaron por asustar a sus propios votantes, la oposición hubiera tenido una mejor actuación. Ninguna fuerza política, ni La Cámpora ni el PJ ni los movimientos sociales, le llevaron tantos votos y tanto prestigio al gobierno como los vertiginosos anticipos de sangre y destrucción de la Dra. Carrió. Cuando le anuncian a la gente, con trágica intensidad, que se acerca el default, que los jubilados no van a cobrar y que el vacio de poder va a generar una reacción en la que los gobernantes van a ser derrocados por una turba desesperada y pasados por las armas y uno sale a la calle y encuentra a los pibes en el colegio, los colectivos con aire acondicionado y a los vecinos con el changuito lleno a la salida del chino es muy difícil no votar contra el Apocalipsis, incluso no votar contra el génesis y la revelación. O, mejor dicho, no reírse de todo. La Dra. Carrió ha hecho que parecer sensato, moderado y hasta brillante sea muy fácil para el gobierno. Después de haber ganado cientos de miles de votos gracias a la Dra. el partido gobernante, lejos de homenajearla, se desentiende. Una vergüenza. No solamente el oficialismo. También los partidos opositores han logrado disimular sus consignas estrafalarias, fantasiosas o ultramontanas gracias a las voces entrecortadas y a los oscuros designios, tal vez no muy en línea con la realidad, de esta querida líder. Tipos como Binner o Macri disimulan bien su discurso reaccionario y su política antipopular escudándose detrás de las llamativas descripciones de un futuro distópico de la Dra. Carrió. Y también una serie de políticos babosos e inexistentes que han crecido bajo el ala de la Dra. para luego encaminarse hacia diversas y enclenques construcciones políticas. Y ni hablar de los amigos de la blogósfera. Cuantas veces la Dra. apareció justo con anuncios salvadores cuando creímos que no había nada que decir. Cuantas veces los perros de presa del oficialismo nos han hecho reír con los apodos ideados para la Dra. entre los más afortunados recuerdo "el agente naranja", "Mirinda" y el inefable "La naranja mesiánica". Muchos olvidan la abismal profundidad del desarrollo intelectual carriotano. La esencia de la filosofía política y del pensamiento económico de la Dra., suele suceder que las ideas más profundas puedan ser explicadas exhaustivamente con solo una frase como es el caso del marxismo o la teoría de la relatividad, puede resumirse en que todo, la asignación universal, las nuevas jubilaciones, la expropiación de Repsol, el pago de la deuda, las paritarias, las políticas de protección del empleo, la ampliación de los derechos, todo, todo no es más que una tapadera para cubrir a la mafia y al narcotráfico. Es así mientras los tontos y los cómplices se pasan el día discutiendo, buscando información e intentando comprender la Dra. con total eficacia ha encontrado la verdad sin tantas vueltas. Que sentido tiene entonces intentar rebatir una teoría que encaja perfectamente en todos los aspectos de la realidad. Recomendamos este sencillo y elocuente sistema para generar el diálogo en la sociedad, ante cualquier problema como por ejemplo:
Además estamos ante un caso en el que el continente es tan o más importante que el contenido. Ayudan a darle un aspecto original a la Dra. las fotos que la muestran en actitudes extrañas, recuerdo ese tango maravilloso: "rara como encendida", en sus eternos paseos en Punta, lugar al que aparentemente acude para darse un baño de multitud. Tampoco debiéramos dejar de lado en este breve comentario la metamorfosis evidente de la Dra. desde los lejanos días del 2001 donde se la veía obesa, enfundada en unos incomprensibles o mejor dicho comprimidos jeans y con el pelo atado y grasiento. Hasta ese ícono indescifrable, dicho con todo respeto, pintarrajeado, con un teñido pensado por un peluquero que debe militar en el ala más extremista de "La Cámpora", la cara inmensa de ese color marciano-ferrítico, pañuelo, al parecer una moda chacareril, prendedores y cosas colgantes y la mirada perdida que parece buscar cárteles que alguien le sostiene detrás. Y una última pregunta: "¿Y usted que ve, Lilita?". | |


